lunes, 3 de octubre de 2016

La felicidad del abandono

LA FELICIDAD DEL ABANDONO


Decía Gabriel Chanel que la felicidad también consiste en lo que dejas ir por tu propio bien. No puedo estar más de acuerdo con ella. Todos sabemos que cuando algo o alguien es dañino para nosotros lo mejor es dejarlo ir, aunuqe al principio duela o nos quede cierta sensación de fracaso. Porque una retirada a tiempo es una victoria, aunque no sepa tan bien como esta.

Yo no siempre lo he visto tan claro, hubo un tiempo en que me costaba dejar ir las cosas. Hace algunos años cuando empezaba un libro o una serie, por ejemplo, no podía dejarlos ir. Me refiero, por muy malo que fuera el libro, por poco que me gustara la serie, ya los había empezado, tenía que terminar, para evitar esa horrible sensación de estar rindiendome.

Con el tiempo, las cosas cambiaron. Un día me di cuenta de que con la cantidad de libros buenísimos que había en el mundo, historias hechas para fascinarme, no podía perder el tiempo con algo que no me llenaba. 

Es cierto que, a veces, algo empieza de una forma que no te entusiasma y con el paso de las páginas o los capítulos descubres un mundo nuevo que en un principio no habías conseguido imaginar. Pero eso no es problema. Cuando abandono una serie o un libro no lo hago necesariamente para siempre, sino que estoy abierta a darle una nueva oportunidad si se dan las circunstancias adecuadas. Por ejemplo, si alguien me lo recomienda encarecidamente o leo una critica o reseña que me hace replantearmelo. A veces simplemente porque ha pasado el tiempo y un tema que antes no me interesaba, ahora capta mi atención. 

Cuando abandono un libro no siempre es porque sea malo o porque no me guste, muchas veces es porque simplemente no es el momento de leerlo. Cada libro, cada película, cada historia y por supuesto cada persona que nos deja huella en la vida lo hace porque aparece en ella en el momento adecuado, ni antes ni después y por eso en mi estantería hay libros abandonados que en principio no me interesa retomar y otros que simplemente están allí, esperando el momento adecuado para ser leídos.

Lo mismo ocurre con la vida, las personas, los lugares, los momentos, y hasta la ropa (¿quien no ha tenido en su armario una camiseta que no le gusta especialmente y de repente se convierte en su favorita? ¿O soy la única?)... Hay que dejar ir lo que no nos llena y quedarnos con lo que nos apasiona, y mañana... ¿quién sabe?

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