domingo, 28 de febrero de 2016

Abriendo puertas


 ABRIENDO PUERTAS



 Dicen que una retirada a tiempo es también una victoria, no sobre el adversario quizá, pero sí una victoria sobre uno mismo. La victoria de saber hasta dónde podemos llegar, cuáles son nuestros límites, qué cosas merecen la pena ser sacrificadas y por cuáles estamos dispuestos a sacrificarnos nosotros; en qué invertir nuestras fuerzas y cómo saber que algo es un esfuerzo vacío que no conduce a nada.


Decía Gabrielle Chanel que jamás perdía su tiempo golpeando una pared con la esperanza de transformarla en una puerta. Creo que ese es el secreto de la paz interior (o, al menos, de la ausencia de frustración): ver puertas en las puertas y paredes en las paredes y no dejarse cegar por ilusiones o espejismos. Si queremos entrar, busquemos una puerta, aunque para ello debamos dar un rodeo, aunque nos cueste encontrarla, pues golpear la pared en un estúpido intento de conservar una falsa esperanza no es más que un esfuerzo inútil que solo nos traerá dolor e impotencia.

En lo que a mi respecta, he decidido rodear los muros en lugar de derribarlos (si están ahí será por algo) y abrir todas las puertas que se me presenten en el camino (mi naturaleza es curiosa), para no perderme ninguna oportunidad.

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